EntreEducadores

20 diciembre 2011

¿Puede un profesor fracasar?

Archivado en: Docencia,Educación,Orientación,Psicología,Sociedad — entreeducadores @ 9:35 am

Por Edistio Cámere

¿Puede un  profesor fracasar? Tal es la pregunta que alguien dirigió cual saeta desde su sitio al expositor.  Se hizo un tenso silencio.  La expectativa estaba en plena cúspide, las miradas centradas en el conferenciante. 

El fracaso es un riesgo que suele adherirse a todas las aventuras profesionales y humanas. Renunciar a considerarlo – entre otros factores – implica otorgarle patente de corzo a la irresponsabilidad. Un docente que vence la primera prueba que lo acredita como tal, es decir, que posea un bien logrado dominio de lo técnico-pedagógico tiene el camino allanado para no fracasar en su gestión.

En efecto, si no conociera la materia que imparte, si su didáctica fuera deficiente y si su manejo del aula no permitiera el desarrollo normal de las clases; ese profesor no tendría la posibilidad de terminar el año lectivo con sus alumnos. Superado positivamente el dominio de la técnico-pedagógico, el profesor no fracasará si cumple tres condiciones: a) Si actúa con rectitud de intención; b) si procura unidad entre su ser y quehacer; y, c) si respeta la libertad de sus alumnos. 

El bien del alumno

La rectitud de intención en una primera acepción significa: obrar bien.  Si se profundiza un poco más se puede vincular ese obrar con la búsqueda del bien del alumno. ¿Cuál es el bien del alumno?  Obviamente que aprenda. ¿Pero allí concluye la acción educativa?  Sí, si nos detenemos en la mera función.  No, si nos hacemos cargo del sujeto de la función. 

El bien a buscar en el alumno, además que aprenda es que se perfeccione como persona, que oriente su actuación hacia la búsqueda de la verdad y del bien. La segunda condición expresa en pocas palabras, que el docente no sólo haga de profesor sino que respalde sus acciones pedagógicas con su dimensión  humana poniendo su persona también en franco proceso de perfeccionamiento, de modo que con el ejemplo muestra la ruta a seguir al alumno, quien tenderá a transitar por ella, gracias al prestigio que adquiere en su lucha por ser mejor.

La autoridad-prestigio del docente es la clave  para que el alumno no ponga reparos en pasar de la autodeterminación a la heterodeterminación, sin que esto implique una perdida  en su capacidad de decisión, todo lo contrario, aceptará el bien propuesto por alguien que para él es significativo.

Por último, como tercera condición, al profesor le corresponde  señalar y mostrar los fines, pero debe ser consciente que los medios, los modos para llegar a ellos, quedan en el estricto campo de la libertad del alumno. “Los docentes deberán cuidarse de no modificar al alumno- utilizando su “poder” – en la forma que más le agrade.  Esa no es su función.  Cuando los sistemas educativos se “apropian” de la libertad y responsabilidad del educando, basándose más en como reacciona y olvidando su capacidad de autodeterminación, se anula su iniciativa y se “seca” la fuente de vitalidad” (García Hoz) ¡Que gran cosa es lograr que el alumno quiera lo que el profesor quiere y no que haga lo que aquel quiere!  Si un maestro cumple estas condiciones nunca saboreará el trago amargo del fracaso.

1 diciembre 2011

El valor de la experiencia docente en el proceso educativo

Archivado en: Educación — entreeducadores @ 11:27 am

 

Por Edistio Cámere

No podré olvidar a aquel maestro que pintaba canas como años tenía de ejercer la docencia cuando comento, con cierto aire de nostalgia: “Mi vida profesional ha transcurrido entre los linderos de varios colegios.  He enseñando a todo tipo de alumnos desde los más listos hasta los más esforzados.  Desde los motivados hasta los meros asistentes. ¡Una vasta experiencia que me ha enriquecido mucho! A pesar de ello, no recuerdo que hayan pedido mi opinión acerca de la conveniencia o no de una ley, de un reglamento o de un cambio en materia educativa”.   Este comentario abriga tres consecuencias: a)  Las propuestas en educación suelen ir de arriba hacia abajo.  b) Siendo la educación un acto humano relacional se privilegia poco la experiencia docente a tal extremo que no se le incluye al momento de la elaboración de planes o proyectos de largo aliento y, c) los docentes próximos a  cesar o jubilados pueden constituirse en elementos importantes para supervisar las prácticas profesionales de los recién egresados o formar consejos consultivos que bien podrían beneficiar a los colegios estatales. 

La educación es un largo y continuo proceso y como tal no debería admitir interrupciones abruptas. Su continuidad se sustenta en los docentes con la condición de que transmitan su experiencia acrisolada por los logros obtenidos, lo que permite que los que vienen detrás sean más eficaces pues se les abrevia el tiempo para alcanzar la madurez profesional. 

La comunicación y los intercambios entre los docentes tienen que ser práctica común pues, en la educación no existen recetas que respondan a todos los retos que ella plantea. Más bien, admite criterios y experiencias que, respetando el contexto y las particulares circunstancias, ayuden a la eficacia del trabajo en el aula y en el trato personal con los alumnos.  Lo permanente en la  educación son las personas que siendo diferentes mantienen, a pesar del paso del tiempo sus características esenciales.     

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