EntreEducadores

24 enero 2012

El arma fundamental del docente

Archivado en: Educación — entreeducadores @ 8:04 pm

Por Edistio Cámere

De pronto el horizonte mudó de color. La esperanza de un mañana mejor empalidece. El presente sobrecoge e inmoviliza. El entorno nacional e internacional no es tierra fértil de la cual el maestro pueda cosechar frutos maduros para compartir con sus alumnos. Más bien, se ha convertido en tierra agreste y, en no pocos casos, árida; a tal extremo que exige del docente sus mejores recursos para extraer semillas (de las buenas) para que germinen sólidas en la mente y en el corazón de sus discípulos. 

Es ardua la tarea que le espera al profesor en estos próximos años. ¿Cómo enseñar a ser sincero si el quedar bien vale más que el decir la verdad? ¿Cómo hablar de paz si la guerra puede estar a la vuelta de la esquina? ¿Cómo enseñar la lealtad si los compromisos asumidos no se honran? ¿Cómo hablar de la dignidad del hombre si sus derechos se vulneran con enervante frialdad?  ¿Para qué esforzarse en aprender si las posibilidades de aplicar los conocimientos se reducen con angustiosa celeridad?   

Estoy convencido que no ha habido una época paradisíaca. Todas han tenido sus momentos de dificultad. Por tanto, una primera consecuencia es mirar la nuestra con prudente realismo, sin ribetes apocalípticos que impidan avizorar la luz que se esconde tras una montaña. La situación actual es producto de un gran don del ser humano: su libertad.

Por eso, el docente no debe cejar en el empeño de formar un criterio recto, de modo que el alumno pueda discernir entre lo correcto y lo incorrecto, dejando sentado que una conducta equivocada no anula el principio o un valor. De la mano con los padres de familia, el profesor debe tener la certeza que no existe una influencia superior a ellos, por tanto, con su cercanía afectiva, con su ejemplaridad  y con su palabra estimulante y oportuna podrá conducir a buen puerto a los alumnos a él encomendados, aún a pesar que el entorno inmediato y mediato se muestren contrario a sus enseñanzas. El optimismo realista será el arma fundamental del docente de este siglo XXI.

6 enero 2012

Optimismo y confianza

Archivado en: Adolescencia,Docencia,Educación,Familia,Orientación,Perú,Psicología,Sociedad — entreeducadores @ 11:19 am

Por Edistio Cámere

Mafalda, el famoso personaje de Quino, preocupada lee en un diario:      “Estocolmo: Suecia tiene construidos ya refugios antiatómicos como para albergar a la mitad de su población. Asimismo, gran cantidad de fábricas han sido instaladas bajo tierra”. Levanta la vista del periódico y piensa: “¡Qué dilema con estos suecos! Uno no sabe si admirarles la ingeniería o el pesimismo”.

      La inquietud de Mafalda tiene sentido. Todo un esfuerzo económico y técnico para ‘no crecer y esconderse’, porque según los suecos no tienen esperanza que el mundo cambie, nos deja pensando. Considero que tal juicio es incompatible con la educación, pues lo propio de aquella -y como compañero inseparable- es el optimismo. David Isaacs lo define así: “Confía, razonablemente, en sus propias posibilidades y en la ayuda que le pueden prestar los demás, y confía en las posibilidades de los demás, de tal modo que, en cualquier situación, distingue, en primer lugar, lo que es positivo en sí y las posibilidades de mejora que existen y, a continuación, las dificultades que  se opongan a esa mejora (…)”.

      Quisiera detenerme en una sola idea: ‘Confía razonablemente…’,  lo que equivale a decir, reconocer con equidad las propias capacidades (ni tanto que queme al santo ni tan poco que no lo alumbre). Al mismo tiempo, con prudencia y respeto, reconocer las posibilidades de mejora y capacidades de los demás. La confianza es el fundamento de la cooperación y de las relaciones interpersonales. 

      Pero esa confianza no se soporta solo en la familiaridad sino en la firme consideración de la valía personal de los demás. De modo que cuando, luego de haber intentado sacar el bien de una determinada situación, se solicita la intervención de otra persona es porque se confía en ella para que nos ayude a mirar nuevamente las cosas positivamente. La cooperación, de suyo, entraña una gran dosis  de optimismo: ‘Lo que me falta para crecer el otro me lo suple.  Lo que aquel carece yo se lo ofrezco’. Es, por tanto, una relación horizontal entendida en una real y justa valoración.  

      En un centro educativo la cooperación interpersonal, basada en el optimismo y la confianza, no solo permite el mejoramiento personal sino que también forja una cultura organizativa que facilita la educación moral en los alumnos. El respeto, la consideración, el reconocimiento entre los miembros de una comunidad educativa le da un sentido positivo a las normas de convivencia. Su uso contribuye a que cada alumno mejore (bien particular) y ayude a que los demás también mejoren (bien general).

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