EntreEducadores

22 febrero 2010

La adolescencia: más que una meta un camino

Por Edistio Cámere

El proceso evolutivo del ser humano presenta periodos ricos en contenido, diferentes entre sí y dependientes uno de otro. Uno de estos períodos es la adolescencia. Sus características y expresiones escapan a la rigidez de las teorías; aquellas no se limitan a áreas determinadas, son más bien respuesta a la suma e interrelación de factores diversos que la producen e influyen: biológicos, fisiológicos, psicológicos, culturales, sociales y existenciales. El complejo mundo de los adolescentes impide la asunción de un sincretismo conceptual. Por eso, más que explicarla es mejor comprenderla acogiendo al adolescente con nombre propio. Veamos el siguiente testimonio:

 “Dicen que tercero de secundaria (14-15 años de edad) es el año más difícil dentro del colegio; tal vez sea cierto, no lo sé. Pero ahora estoy en cuarto de secundaria, y puedo decir con seguridad que este es el año con más problemas en los estudios, ya sólo te faltan dos años para terminar. Tercero, más bien, es el problema clásico, tu código de barras, tu vacío existencial. Indeterminado, indefinido, inentendible. Es ahí cuando cambias de ojos y ves el mundo como realmente es. Ya no sólo ves a la gente por lo bueno sino también por lo malo. Es ahí cuando mami deja de ser la mujer maravilla y tu papá el héroe de la época. Es ahí cuando empiezas a juzgar a tus padres, he ahí el problema. No hace mucho que estoy un poco deprimida. Este año siento que todo me está saliendo mal. Como es bien sabido, a los adolescentes les importa mucho relacionarse con el mundo exterior y lo que este opine de ellos.  Supongo que es por eso que cuando el grupo con el que andaba hasta el año pasado se separó y mi ‘mejor amiga’ se fue del colegio, me deprimí”.

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14 febrero 2010

El ambiente familiar y el comportamiento adolescente

 Por Edistio Cámere

La adolescencia es un periodo clave en la formación de la personalidad. Es un tramo vital sensible y fértil. Sensible porque en él pueden ocurrir  traumas que condicionan a veces el curso de la vida;  y fértil porque es el momento en el que empiezan a despuntar los ideales que podrán impulsar y dar sentido el resto de la existencia individual.  “Una vida lograda es un ideal vislumbrado en la edad juvenil y realizado en la madurez”.

En esta etapa se dan dos tipos de problemas: los ‘generales’ que él adolescente ha estado tratando de resolver desde su infancia y que vuelven a presentarse para su resolución; y los ‘particulares’ debido a su condición de adolescente. Cada una de las etapas de la adolescencia es un paso hacia el ser adulto, y ser tal es llegar al equilibrio psicológico, al de las funciones orgánicas, a reconocerse como persona y a integrar su medio a su yo para aceptarlo y aceptarse.

Ante la urgencia de la simultaneidad de tendencias contradictorias que se excluyen, de exigencias tanto internas como externas, de lograr su identidad, de definir lo que desea realizar en la vida y lo que espera de ella, de saber cuáles son sus creencias y valores… es casi normal que teniendo que enfrentar tantos elementos desconocidos e incertidumbres su comportamiento sea ora aberrante, ora incoherente, ora ansioso y ora desconfiado.

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20 julio 2009

El lenguaje de los adolescentes

Por Edistio Cámere

padre e hijoLuego de terminada la función de cine, un padre de familia, con todo el entusiasmo e ilusión de iniciar una conversación, pregunta a su hijo de 13 ó 15  años: ¿Qué tal la película? Como respuesta recibe un lacónico: “Normal”. Me imagino el rostro de aquel buen padre. Minutos antes: sonrisa en los labios. Luego se suceden, como en cámara rápida, gestos de desconcierto, de asombro…  y mientras reacciona el diálogo ha concluido. También puede darse la misma escena pero en vez de “normal” la respuesta podría ser “maldito”.  

Lo propio ocurre con el uso de las lisuras que, como estribillo inconexo, coronan los finales de cada frase. En no pocas ocasiones las ‘malas palabras’ intercambian en el uso a los sustantivos y adjetivos con asombrosa precisión. El vocabulario se reduce entonces a finos matices de contexto, de inflexión de voz o gestos para expresar una emoción o un hecho.    

Una cosa es cierta -por lo menos, creemos interpretar el sentir de no pocos adultos-: la comunicación con los jóvenes se nos hace cuesta arriba. Algunos optan por mimetizarse utilizando sus mismas expresiones, ante la mirada condescendiente y atónita de los mismos chicos. Otros, dimiten en el intento pensando que es mejor interactuar cruzando las menos palabras posibles. No pocos quisieran esperar a que sean mayores para poder conversar.

La realidad es que es parte del proceso de ser adolescente el utilizar códigos singulares. En el lenguaje propio no radica el problema. El problema reside en la extensión y en la repetición de esos ‘códigos’ que tienden a reducir el vocabulario haciendo onerosa la comunicación franca de los jóvenes. Sin pretender una afirmación categórica, los ‘códigos juveniles’ tienen una característica en común: son impersonales, por tanto, no obligan, no entrañan compromiso, aunque ellos no lo adviertan o lo refuten febrilmente.

Cuando un joven afirma que la fiesta fue ‘maldita’, el padre inquiere en busca de mayor explicación. El sinónimo que sacan de la manga puede ser: “Fue paja”. Difícilmente podrá obtener del joven expresiones tales como: “Sí, me gustó, me divertí, la pase muy bien…” ¿Es mucho pedir? También se escucha dichos ‘códigos’ referidos a personas: “Es maldito… Es un cuero”. Es comprensible que el joven, viviendo intensamente el presente, utilice términos que grafiquen una situación que no se sabe si tendrá mañana. Pero resulta preocupante que no suscriba con su ‘yo’ una vivencia gratificante o frustrante. 

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