Por Edistio Cámere
Competencia es una palabra de significado equívoco. Puede entenderse como disputa o contienda, como oposición o rivalidad; pero también como pericia, aptitud para hacer algo o intervenir en un asunto. A su vez, predica atribución legítima de una autoridad para el conocimiento o resolución de un asunto (DRAE, 2001). De la primera acepción se sigue el competir, la competitividad; en cambio, de la segunda, el ser competente. Al mismo tiempo se abren dos caminos que, sin sustento de fondo, pueden correr paralelos sin visos de entrecruzamiento.
Desde la perspectiva de la educación es necesario precisar el norte al que se pretende conducir al alumno. Si se subraya el ‘competir’, se orientan las actividades educativas al entorno; en cambio, si se enfatiza el ‘ser competente’, entonces se centran en la persona. Ciertamente no se pretende incoar una polarización: entre la persona o la sociedad, reviviendo polémicas similares a la de la herencia o medio ambiente, o al de la naturaleza o libertad.
La cuestión tiene que ser planteada y abordada ‘desde’ y ‘en’ el ámbito educativo: ¿Se educa para ser competitivos o para ser competentes? La respuesta, sin duda, no es neutra en sus efectos. Cada colegio debe responderla desde su Ideario o desde su filosofía educativa.






