Por Edistio Cámere
La infraestructura de un colegio pinta distinto: el campo de fútbol, gracias a las bondades de la tecnología puede lucir plano y verde; los nuevos pisos y el techado en las zonas deportivas dan un toque especial a la infraestructura; los salones amplios y pintados facilitan que profesores y alumnos se empeñen con más comodidad en la enseñanza-aprendizaje. En suma, el mantenimiento habitual de sus instalaciones -que todas las vacaciones de verano realizan los colegios- evidencia o, mejor, confirma la importancia de la buena presentación.
En efecto, las mejoras si bien quedan como patrimonio del colegio tienen un sentido que lo trasciende: su usufructo es para los alumnos. Es un modo concreto de demostrarles respeto. Desde un punto de vista objetivo, se podría afirmar que las mejoras no son necesarias para que un colegio siga cumpliendo su función. Pero no todo tiene que medirse con el rasero de lo mecánico o de lo utilitario.
El respeto a los demás para un colegio no se reduce al dictado de clases, ni a la puntualidad en el comienzo de las actividades. La limpieza, el buen trato, la comodidad, el cuidado y mantenimiento de los bienes también es parte de ese respeto que se debe a los demás. Muchas veces el esfuerzo y la dedicación invertidas en esos afanes no se aprecia lo suficiente, pero ¡qué grato es estar en un lugar limpio y apacible!
Las diferencias entre los hombres no son casuales, más bien predican su singularidad e irrepetibilidad. En esencia y dignidad todos somos iguales, pero precisamente por tener libertad las opciones, decisiones y acciones son distintas, diferentes. La pluralidad es la riqueza de la sociedad. Pero esa riqueza tiene que encauzarse, orientarse para que todos puedan aportar, en la medida que también cada persona pueda crecer y desarrollarse. Es necesario, por tanto, construir ‘estructuras’ que ordenen las relaciones entre los hombres, pues en el desorden campea el individualismo, preludio de la ley del más fuerte. El hombre tiene que abrirse a la realidad para advertir que en la naturaleza reina un orden y armonía a pesar de las diversas especies y seres que en ella existen.





