EntreEducadores

14 febrero 2010

El ambiente familiar y el comportamiento adolescente

 Por Edistio Cámere

La adolescencia es un periodo clave en la formación de la personalidad. Es un tramo vital sensible y fértil. Sensible porque en él pueden ocurrir  traumas que condicionan a veces el curso de la vida;  y fértil porque es el momento en el que empiezan a despuntar los ideales que podrán impulsar y dar sentido el resto de la existencia individual.  “Una vida lograda es un ideal vislumbrado en la edad juvenil y realizado en la madurez”.

En esta etapa se dan dos tipos de problemas: los ‘generales’ que él adolescente ha estado tratando de resolver desde su infancia y que vuelven a presentarse para su resolución; y los ‘particulares’ debido a su condición de adolescente. Cada una de las etapas de la adolescencia es un paso hacia el ser adulto, y ser tal es llegar al equilibrio psicológico, al de las funciones orgánicas, a reconocerse como persona y a integrar su medio a su yo para aceptarlo y aceptarse.

Ante la urgencia de la simultaneidad de tendencias contradictorias que se excluyen, de exigencias tanto internas como externas, de lograr su identidad, de definir lo que desea realizar en la vida y lo que espera de ella, de saber cuáles son sus creencias y valores… es casi normal que teniendo que enfrentar tantos elementos desconocidos e incertidumbres su comportamiento sea ora aberrante, ora incoherente, ora ansioso y ora desconfiado.

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4 noviembre 2009

Una mirada optimista a la familia

familiaLa familia, como institución de derecho natural y civil, es universal y en sus funciones se puede afirmar que no es especializada. Por ejemplo, del Congreso de la República -como institución- se espera que legisle, no se le reclama que construya o gestione un programa de vivienda. En cambio, a la familia se le reclama que eduque, que alimente, que satisfaga las necesidades de seguridad, de amor, que provea lo necesario para que sus integrantes puedan vivir. En ella se satisface el derecho radical de nacer, crecer y morir como persona.

Podemos señalar que la familia constituye una unidad distinta a cada uno de los individuos que la conforman. Pero quienes la fundan -lo esposos- se comprometen con su resultado, el cual no pueden cambiar a su antojo. Y es que la familia es un consorcio basado en la mutua cooperación y compromiso de los cónyuges: se sostiene por la anuencia de los esposos pero se debilita por la renuencia de uno de ellos.

Cuando uno mira su entorno con cierto detenimiento, descubre hechos o situaciones que son producto de las capacidades superiores del hombre: en la tecnología se trasunta su inteligencia; en un cuadro artístico se percibe lo singular de la persona; lo mismo sucede en una relación amical o interpersonal. Pero también se observa situaciones que muestran las limitaciones o deficiencias del hombre. Frente a ello sólo cabe una profunda actitud de respeto ante la persona como tal, que se convierte en asombro cuando se es testigo de sus realizaciones, es complaciente ante su singularidad, o es comprensible y paciente frente a sus límites y defectos.

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20 octubre 2009

El valor de la palabra y del ejemplo

Por Edistio Cámere

Mafalda, disfrazada de vaquero: “Mamá, voy con los chicos hasta la plaza a jugar a los cowboys”. La mamá responde: “Bueno. Pero cuidate, ¿eh?”. Junto al nene y al televisor encendido, la mamá piensa: “¡Esta Mafalda! Tan pronto le da por la bondad, el pacifismo y qué se yo…” al tiempo que en la pantalla de televisión se escucha: “Colabore con ALPAP en su humanitaria labor” y aparece “Asociación, Lucha, Pro amor, Al, Prójimo”. La mamá continúa con sus cavilaciones: “… como por jugar a la violencia, los tiros y los demás”. La televisión reanuda su programación: “Sigamos ahora viendo Commando 217”. La mamá de Mafalda concluye: “Realmente los chicos de hoy son díficiles de entender”. Entre tanto, en la pantalla del televisor una escena en la que un soldado por la espalda mata a otro la copa completamente.

CBR001949La educación basa su eficacia en la simultaneidad de la palabra con el ejemplo. ¿De qué otro modo se aquilata lo que se dice, si no es con las obras? Las palabras, al señalar el norte, iluminan el camino, pero para transitarlo en pos de la meta es necesario modelos o referentes que, sin volver la vista atrás, muestren que vale la pena mirar hacia delante.   

Más que prolongados y encendidos discursos y recomendaciones al pueblo, a los subordinados, a los alumnos o a los hijos, la educación y el gobierno de personas se resuelven  al comunicar con los propios actos que el prójimo interesa o que las normas afectan a todos por igual, y que por lo tanto cumplirlas beneficia a todos. Los actos o acciones del hombre son como los signos matemáticos: su lectura no admite ambigüedades.

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