EntreEducadores

8 junio 2010

El necesario respeto a la labor docente

Por Edistio Cámere

 “En un examen alguien diseñó algo que podríamos denominar ‘superchuleta’. El invento consistía en colocar entre los carteles de las paredes del aula grandes papeles con definiciones de conceptos sobre los que se iba a examinar, con la esperanza, que se demostró fundada, de que el profesor de turno no iba a descubrir el truco. Se realizó el examen y sólo después se descubrió la superchería. La decisión que el equipo de profesores tomó fue la de suspender con un cero a toda la clase. Las protestas fueron apocalípticas. Primero se argumentó, con el respaldo de las familias en muchos casos, que sólo pudieron copiar los que se sentaban en las primeras filas (…) El siguiente argumento fue el consabido recurso a la injusticia que supone que paguen todos por la conducta de unos pocos, olvidando que semejante conducta fue tolerada por todos y que ninguno renunció, por tanto, a la posibilidad de aprovecharse de ella. La clase y los pasillos se poblaron de carteles como los siguientes: ¡No al cero!,  ¡No a la injusticia! ¡Revolución!… Y pensar que la Revolución ha quedado para pedir que no le suspendan a uno con un cero…” [1] 

La anécdota reportada es tan solo un botón de muestra de lo sensible y cada vez más complejo que resulta en una escuela sancionar cuando se infringe el reglamento. No solo los reclamos de los alumnos:  “No es justo… por qué a mí si a Pedro no le dijo nada…”; o los reclamos de los padres de familia:  “Mire profesor, mi hijo está pasando un mal momento porque su papá está de viaje… qué colegio tan estricto, no es nada grave, no exageren…”; sino también tenemos esa práctica extendida de los alumnos de hacer un frente común encerrándose en un desafiante silencio en vez de reconocer al autor de la falta cometida. Esta complicidad grupal termina por afectar la buena disposición de quienes les interesa aprender: la impunidad los desalienta y desmotiva. Actitudes y expresiones como las descritas, y otras similares, minan el talante y la autoridad de las escuelas.

Al centro educativo -que tiene una naturaleza propia, una estructura organizada y profesionales con roles y tareas diferenciadas- le compete retener para sí la debida discrecionalidad y autonomía para cumplir con su cometido fundamental: educar y formar personas en proceso de madurez. La tarea educativa se vincula menos con lo que los ‘alumnos quieren y más con lo que efectivamente necesitan para su crecimiento personal’.

(más…)

30 mayo 2010

Educación y pluralismo

Por Edistio Cámere

Susana -personaje del conocido humorista Quino- frente a un texto de matemática lee: “Planteo: si un albañil levanta dos metros de pared en medio día, ¿cuántos metros levantará en tres días?”. Con la mirada en el techo y el lápiz en la comisura de los labios, reflexiona: “Veamos: tres días, son seis medios días, o sea que… seis medios días por dos metros son 12 metros”. Luego, escribe, “Solución: levantará seis o siete metros, porque en este país nadie quiere trabajar”.  

La mencionada historieta permite muchas lecturas. Al azar consideraré una: Desde una perspectiva académica, Susana acertó con la solución aplicando las estrategias pertinentes a la materia en cuestión; dicho de otro modo, la instrucción recibida se lució. Pero lo escrito en su cuaderno -chispazo del talento del autor de la historieta-  muestra un sugerente y no menos importante mundo en el que la enseñanza de las materias no alcanza a coparlo.

Ese es el mundo de la educación, en el que intervienen y concurren muchos agentes que se cruzan horizontal y verticalmente en la vida de un educando (niño o joven).  Desde la sociedad en su conjunto, pasando por los medios de comunicación, los amigos, los profesores, hasta llegar a los padres de familia, todos estos agentes presentan o trasmiten valores, creencias, tradiciones, conductas, maneras de relacionarse con terceros que, sin descuidar el ámbito del conocimiento, inciden más en los modos o los estilos de vida.

Un propósito a procurar, quizá más cercano a la utopía que a la realidad, sería intentar un gran acuerdo entre todos los agentes en torno a unos objetivos educativos básicos a partir de los cuales se delineen vastas avenidas por donde circulen -con pleno respeto a sus propias biografías- los educandos de una determinada sociedad. Por cierto, en pleno siglo de las libertades, los intentos de uniformizar, de formar un tipo de estudiante fácilmente permeable a los dictámenes del mercado o exquisitamente respetuoso de lo políticamente correcto, emergen con fuerza de organismos internacionales que poco o nada tiene que ver con la educación. Pero no es solamente la sociedad en la que uno se desenvuelve la que influye, también hay actitudes pensantes incluidas -como de contrabando- en los préstamos o ayudas internacionales.

(más…)

3 marzo 2010

La buena presencia y el respeto

Por Edistio Cámere

La infraestructura de un colegio pinta distinto: el campo de fútbol, gracias a las bondades de la tecnología puede lucir plano y verde; los nuevos pisos y el techado en las zonas deportivas dan un toque especial a la infraestructura; los salones amplios y pintados facilitan que profesores y alumnos se empeñen con más comodidad en la enseñanza-aprendizaje. En suma, el mantenimiento habitual de sus instalaciones -que todas las vacaciones de verano realizan los colegios- evidencia o, mejor, confirma la importancia de la buena presentación.

En efecto, las mejoras si bien quedan como patrimonio del colegio tienen un sentido que lo trasciende: su usufructo es para los alumnos. Es un modo concreto de demostrarles respeto. Desde un punto de vista objetivo, se podría afirmar que las mejoras no son necesarias para que un colegio siga cumpliendo su función. Pero no todo tiene que medirse con el rasero de lo mecánico o de lo utilitario.

El respeto a los demás para un colegio no se reduce al dictado de clases, ni a la puntualidad en el comienzo de las actividades. La limpieza, el buen trato, la comodidad, el cuidado y mantenimiento de los bienes también es parte de ese respeto que se debe a los demás. Muchas veces el esfuerzo y la dedicación invertidas en esos afanes no se aprecia lo suficiente, pero ¡qué grato es estar en un lugar limpio y apacible!

(más…)

14 febrero 2010

El ambiente familiar y el comportamiento adolescente

 Por Edistio Cámere

La adolescencia es un periodo clave en la formación de la personalidad. Es un tramo vital sensible y fértil. Sensible porque en él pueden ocurrir  traumas que condicionan a veces el curso de la vida;  y fértil porque es el momento en el que empiezan a despuntar los ideales que podrán impulsar y dar sentido el resto de la existencia individual.  “Una vida lograda es un ideal vislumbrado en la edad juvenil y realizado en la madurez”.

En esta etapa se dan dos tipos de problemas: los ‘generales’ que él adolescente ha estado tratando de resolver desde su infancia y que vuelven a presentarse para su resolución; y los ‘particulares’ debido a su condición de adolescente. Cada una de las etapas de la adolescencia es un paso hacia el ser adulto, y ser tal es llegar al equilibrio psicológico, al de las funciones orgánicas, a reconocerse como persona y a integrar su medio a su yo para aceptarlo y aceptarse.

Ante la urgencia de la simultaneidad de tendencias contradictorias que se excluyen, de exigencias tanto internas como externas, de lograr su identidad, de definir lo que desea realizar en la vida y lo que espera de ella, de saber cuáles son sus creencias y valores… es casi normal que teniendo que enfrentar tantos elementos desconocidos e incertidumbres su comportamiento sea ora aberrante, ora incoherente, ora ansioso y ora desconfiado.

(más…)

8 abril 2009

¿Qué pasa en el Perú? una pregunta que puede responderse desde la escuela

Por Edistio Cámere

  

 

 

levantando-la-manoUna mano se levanta a mitad del salón. El profesor espera la pregunta pertinente a la materia impartida. El alumno sorprende: “¿Qué pasa en el Perú, profesor?”. Silencio en el aula. Luego, murmullo general; el tema interesa al grupo. El docente respira hondo, mientras juguetea con la tiza entre sus dedos mira al reloj que, obediente a su fin, no adelantará sus manecillas. Los estudiantes lo observan expectantes. El dilema está planteado: continuar o responder.

 

Continuar con lo planificado es una actitud formal respetable, pero tiene la desventaja de desperdiciar una muy buena oportunidad para hacer docencia formando el criterio. El escolar está sometido a una avalancha de información, ora virtual, ora visual, ora auditiva que le impide discriminar lo fundamental de lo aleatorio, la interpretación ideológica del hecho específico, la sensación como comentario del análisis reflexivo. Los alumnos no están desconectados con lo que sucede en su entorno, aunque se saben que no son protagonistas de lo que ocurre en su país. 

  (más…)

Tema Rubric. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 51 seguidores